martes, 1 de julio de 2014

Llega el momento me piro... (Estopa -Me falta el aliento-)

Por qué sigues yendo? Ya has vivido “la experiencia”… Esto me decía una amiga hace unos días. Si te digo la verdad, no me he hecho nunca esa pregunta de por qué sigo visitando África cada verano. Es una sinergia natural que hace que entre siempre dentro mis planes, de antemano. Una forma de vida, quizás.


Desde que hago cooperación me he encontrado con cientos de miradas diferentes. Unos te miran con curiosidad (qué habrá que le engancha tanto?) otros con desconfianza (sí, hombre! Cooperación! Esta lo que se va es de vacaciones!)  envidia sana (ya quisiera yo hacer el macuto y tirar palante también!) incluso con reprobación (qué poca vergüenza! Irse un mes y dejar su casa, a su marido…) Podría seguir enumerando frases y caras durante media hoja más. Imagino que para cada persona las cosas se interpretan de maneras diferentes… Partiendo de la base de que a mí me importa bien poco la opinión de cada uno (no me lo tomen a mal, lo digo en el sentido de que cada quien es libre de pensar sobre mí, sobre los beneficios del tai chi o sobre el ministro Wert lo que le salga del sombrero y gracias a dios!!!) sí es cierto que son infinidad de motivos los que hacen que, un año más, a estas horas ya tenga el macuto hecho y el nudo en el estómago que me mantiene en alerta hasta que llegue a mi casa africana. Intentando resumir en una frase corta esos motivos podría decir que para mí la cooperación de verano en África es “un clic” Es el encendido y el apagado. Por un lado satisfago mi necesidad personal y privada de colaborar en un mano a mano, en arrimar el hombro donde alguien lo necesite. Es cierto que aquí, en casa, en mi isla, hay muchas necesidades y que podría arrimarlo también aquí. Cierto. Por eso lo arrimo. De diferente manera, no durante un mes en verano, quizás durante todo el tiempo haciendo una colaboración diferente.  Cuando se vive la vida de una manera tan “intensa” como la vivo yo la verdad es que puede llegar a ser una puñeta porque lo bueno es buenisísimo pero lo malo es horrible. Así es que después de un año de tanta intensidad una vez más, después de un agotamiento físico que cada vez va haciendo más mella en mí y después de la necesidad de apagar mi cabeza sobre el día a día aquí, o por lo menos dejarla en pausa… Después de todo eso me voy. Es como una pausa larga de un mes. Todo cambia. Todo va a ser distinto. No hay teléfonos que suenen, no hay horarios apretados, no hay tráfico que te lleva a ningún lado, no hay zancadillas por las esquinas. África (mi África, a la que yo voy) es paz, tranquilidad, vida sencilla, plátanos fritos y agua de botella, ducharte con un cubo y mirar a las estrellas mientras escuchas las historias de alguien que nunca se cansa de contarlas justo a tu lado. No, no es una película. Es cierto. La vida puede ser todo lo sencilla o todo lo complicada que queramos. Allí, en el África a la que yo voy, es bastante sencilla (ojo, en otros rincones africanos por desgracia no! Pero yo hablo sólo de lo que conozco, siempre hablo sólo de lo que conozco…)

A partir de mañana mi día a día se desarrollará entre brochas de pintura y papeles de lija, entre pasta cocida y bananas fritas o guisadas (espero que más fritas que guisadas!!!!) entre si hay que bajar al pozo a por agua o hay suficiente en el grifo del patio. A partir de mañana me despertaré con los cánticos de voces graves de hombres jóvenes que dan las gracias por un nuevo día y me acostaré envolviéndome obsesivamente en la mosquitera para que no tenga opción ninguna el mosquito gracioso de turno. A partir de mañana hablaré sin parar de mis hijos y de mi marido y de mis amigos y de mis hermanos y de mis alumnos… porque cuando uno coge un poquito, sólo un poquito de distancia todo lo que tiene se engrandece, se magnifica y se quiere más aún. A partir de mañana una vez más mi cámara será la prolongación de mis ojos y, sobre todo, de mi alma, intentando enseñar a los que se quedan aquí un trocito de esa magia que me tiene eclipsada mezclada con unas dosis de realidad de la que me tiene indignada.

Repito con grupo de chicos; cinco chicos y dos chicas. A la mayoría de ellos les di clase cuando eran unos fiscos chicos allá por primaria, ahora son quasiadultos a punto de empezar su vida universitaria y son aún más interesantes y más divertidos que entonces... Ya les contaré. Me gusta observar una parte de la vida a través de los ojos de los 18 años con la cabeza de los 41. Me gusta mucho!

Quizás sí que sé por qué me gusta tanto volver... África tiene sus miserias, tiene sus mierdas que todo el mundo conoce, juzga, critica o compadece. Pero también ama sus valores y sus bondades y a pesar de todo lo primero, casi siempre gana lo segundo. Y sigue adelante y vive y quiere vivir! Por eso siempre vuelvo. Y volveré siempre que la vida me deje.
Nunca sé qué voy a contar ni cómo voy a hacerlo. Este año tampoco…
Dejaremos una vez más que todo fluya. Yo, si quieres, te enseño este cachito del mundo y lo mejor será que después saques tú las conclusiones que decidas sacar.
Sé feliz! Yo estoy en ello…



1 comentario:

  1. La vida es magia
    La magia está en cada uno de nosotros
    Tu sabes aprovecharla
    ��

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