sábado, 26 de julio de 2014

Stand by me...






Te propongo una cosa… Ves ese enlace que hay justo encima de esta frase? Pínchalo antes de seguir leyendo, deja que suene mientras minimizas esa pantalla y te vuelves a esta, te parece?
Bien, hola de nuevo, ahora voy a intentar llevarte de la mano por un lugar. Imagina que vas en una camioneta sentado junto a la ventana con la cabeza asomando de cuando en cuando mientras el aire te da de frente y te revuelve el pelo y te pega los mechones contra la cara por la cantidad de humedad que lleva dentro. Imagina un camino de tierra roja, no llega a ser barro pero se le acerca bastante y todo lo que ves a partir de la improvisada carretera es verde. Muy muy verde. Imagina un paisaje lleno de árboles tan altos que tienes que levantar la mirada todo lo que te deja el cuello para ver el final de su copa, imagina lianas enredadas que destrepan hasta el suelo, imagina el olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha… conoces el olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha? Pues multiplícalo por diez. Entre un bache y otro más meneas la cabeza al son del vaivén de la furgoneta mientras miras a todos lados porque no quieres perder nada, ni un microcentímetro de lo que estás viendo, ni una sola tonalidad, ni una sola forma… mientras oyes esta melodía dentro del coche. 
No sabes por qué pero automáticamente aparecen en tu cabeza todas esas personas con las que sabes que puedes contar. Ves su cara, recuerdas sus voces que traen cosidos momentos de los que sabes que jamás olvidarás. Y sonríes de medio lado porque sabes a ciencia cierta que tienes con quién contar y deseas que desde donde estás les llegue una briznita de aire que lleve tu recuerdo para que no olvide  él o ella que también podrá siempre contar contigo…
Hoy ha sido un día de reencuentros. El año pasado cuando visité el pequeñísimo poblado de Ebogó soñé con volver de nuevo al que, hoy vuelvo a reiterar, es mi sitio bonito preferido del mundo (por lo menos del mundo que yo conozco!) Y no me defraudó. Una vez más disfruté de su silencio después de haberlo llenado de nuestras palabras, una vez más deseé que nunca nada ni nadie lo altere ni lo cambie, que jamás desaparezcan sus pájaros ni sus colores, ni siquiera sus hormigas gigantes que te dan un muerdo y te dejan sin un trozo! Hoy volví a llenarme de esa paz diferente y especial que sólo algunos tenemos la suerte de encontrar en algún remoto lugar alguna remota vez en la vida. Y volví a respirar un poquito más de felicidad.
Con la botella esa que debemos tener en el alma y que recargamos con momentos preciosos casi a rebosar nos volvimos a casa pero antes de llegar pedí por favor si podíamos pasar por el orfanato de la Hermana María, el año pasado te hablé de ella; quería ir a saludarla y a dejarle una cosita importante que venía enviada de parte de muchas personas con un corazón muy grande. Allí seguía también la pequeña casita desgajada. Como si el tiempo no hubiese pasado. Los niños también. Iguales. A penas noté que hubiese pasado este año por ellos… Y eso me partió el corazón. Y salió la buena mujer. Por ella sí que ha pasado el año multiplicado por diez. La vi ajada, aunque su cara seguía teniendo el resplandor de una piel preciosa de ébano liso y fuerte, el mismo resplandor que le recuerdo de hace un año. Y su voz… Tiene una voz ronca pero serena, de esas voces que no te importaría escuchar para siempre. No tuve mucho tiempo así que sólo la saludé, la abracé una y mil veces, nos agarramos de las manos con fuerza mientras hablamos. Fueron cinco minutos, no había más, pero me despedí de ella -después de darnos las gracias mutuamente más de diez veces- con los ojos apretados de emoción.  Antes de subirme al coche le agarré la barbilla como cuando se la agarras a un niño pequeño en señal de ternura y es que jamás podré encontrar ni una ni mil palabras que me ayuden a expresar aunque sea una parte chiquita de la ternura y el arrojo y la valentía que esa mujer me transmite cada vez que la he visto! Madre mía! Qué cosa más grande! El trozo de camino que quedaba de vuelta a casa no pude apartar de mi cabeza la palabra “gracias!” 
Una vez más gracias a la vida por tener tanto y por vivirlo tanto, gracias a la vida porque exista gente como María que dan tanto y tienen tanto amor desinteresado y tanto coraje, gracias a mis pequeñas, a mi adolescente y a mi amor por hacerme sentir pilar de una familia tan increíblemente maravillosa y gracias a todas esas personas que me vinieron al alma al principio del camino cuando las recordé mientras olía el olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha. Por supuesto, por supuestísimo, igual que María, igual que este continente entero, igual tú sabes… que puedes contar conmigo.




lunes, 21 de julio de 2014

Black or white...


Cada día, entre septiembre y junio, cuando suena mi despertador a las seis y media de la mañana se enciende un piloto rojo en mi cabeza que no para hasta que vuelvo a caer en la cama allá como a las once y media de ese mismo día. Empieza un corre corre que hace que las semanas pasen demasiado rápidas, que entre un día y otro día no pueda darme el gustazo de sentarme a charlar, a leer, a observar simplemente. Alguno de esos días, un ratito antes de caer con las energías bajo mínimos en la cama de repente recuerdo algo que no hice; una llamada, una compra, un recado, cualquier cosa de esas que te dejan el regustito amargo al final del día porque encima te sientes hasta mal de no haber dado para más. En el trabajo cumples un horario a rajatabla, para las comidas también, hasta para las visitas o los encuentros de regalo con una amiga y un café están todo el rato supeditados al maldito reloj… Pero si es que la mayoría de los días no me sobran ni diez minutillos pa ponerme la dichosa mascarilla y conseguir que mis pelos, por una santa vez, no parezcan una cotufa rescaldada!!!
Y cuando tienes la oportunidad de mirar todo eso desde aquí, desde donde estoy ahora sentada, resulta que lo ves como las películas antiguas de cine mudo que van a mil revoluciones, sin sonido y con esa musiquita machacona que consigue meterte el julandrillo dentro de la cabeza y acelerar aún más si cabe cada uno de tus pasos. Y lo extraño ocurre cuando desde aquí, desde donde estoy ahora sentada, ves que más de la mitad de esas prisas carecen de sentido. El mundo no se va a parar porque no ponga hoy una lavadora y la ponga mañana, o porque no vaya al súper y mañana no haya postre, o porque mi coche esté “comíomierda” y siga sin lavarlo una semana más. No pasa absolutamente nada. Nada.
El otro día venía en el coche de un paseo que fuimos a dar a la reserva natural donde rescatan a los monos que son presa de los furtivos o a los que están enfermos y los curan y reinsertan, el año pasado ya te hablé de este sitio, Ekali, se llama. Me chifla pasear por allí, es un bosque espeso, de un sinfín de tonalidades de verde que te trapa por donde vas paseando y los animalitos están integrados en toda la espesura en lugares vallados pero respetando el trozo de naturaleza donde se enclava… es un sitio maravilloso de verdad, sólo oyes el zum zum de algún insecto, las charlas alocadas entre chimpancés o el retumbar de las carreras de los gorilas cuando juegan entre ellos. De repente encuentras árboles de cacao con el fruto empezando a madurar, algún que otro baobab gigante y un árbol del que nunca recuerdo el nombre pero que los vecinos de esta tierra aprecian mucho ya que con su corteza hervida obtienen un brebaje que dicen que es fantástico para paliar los síntomas del paludismo cuando, al menos una vez al año con mucha suerte, les cae encima de nuevo. Bueno, que me enralo y me pierdo, pues el otro día cuando volvía de ese pequeño paraíso hacia casa, en el coche, asomé la cabeza por la ventanilla y como siempre me embelesé con cada cosa nimia que encontraba por delante. 
Es fácil imaginarte mil y una historias cuando todo lo que ves estimula cada uno de tus sentidos. La gente suele sentarse a las puertas de las casas, en las entradas cubiertas de tierra roja, apoyando los brazos en algún banquito destartalado de madera o simplemente alargando las piernas una encima de otra apoyados contra el adobe maltrecho de la casa. Los chiquitos casi siempre trastean en los patios, algún balón medio raído, algún coche hecho con palos de fregar y trozos de latón, o sólo el resto de los amiguitos o hermanos o vecinos son suficientes para pasar el día entero en ese cuadradito de tierra. 
Muchas veces las niñas más grandes trenzan a las más chiquitas, siempre hay alguna doña barriendo sobre la tierra (¿?) completamente agachada con una de esas escobas típicas de por aquí que en realidad son un manojo de paja amarrado con un cordelito. No hay prisa. Casi nunca. Es raro, muy raro, ver a alguien correr, se camina despacio, contoneando al bebé atado a la espalda, o al barreño lleno de chismes sobre la cabeza; a veces sólo se contonea el alma porque poco más se puede cargar encima. En uno de mis cuelgues mientras miraba a todo y a nada a la vez pasó por delante una imagen que me chocó, como fuera del contexto de colores marrones, rojizos, amarillos y azules. Volví la cabeza rápido. Era una chica muy joven. Africana. Albina. Llevaba un postizo de tirabuzones rubios y toda ella resplandecía. Me dio tiempo a verla bien. Son curiosos los africanos albinos. Es la mezcla en esencia. Facciones negras en una piel pálida, casi transparente. Recuerdo que una vez en Senegal me comentaron que, depende de en qué sitio, los albinos no eran aceptados por sus comunidades, fundamentalmente por temas de religiones, de maldiciones y de supersticiones. En Camerún eso no ocurre. Me gusta mucho de este pueblo que acepta a todo el mundo tal y como es… o por lo menos de eso presumen siempre.
La chica albina me hizo un clic en la cabeza. De repente imaginé que todo lo que conozco bien fuese justo al revés. Que nosotros, los blancos de Tenerife, mis amigos, mi familia, mis compañeros, no viviésemos allá sino acá y que los negros que veo cada día por aquí fuesen los que ocuparan el otro lugar de enfrente. Así es como imaginé que quizás yo sí que sería maestra en alguna escuelilla hecha de adobe, sin ventanas ni mesas pero con un encerado gastado de tanta tiza, marido también seguiría siendo el médico bonachón que es en cualquier hospital de por aquí, pero sin correr por los pasillos del hospital como hace normalmente y sirviéndose de un estetoscopio como única herramienta de trabajo… bueno, del esteto y de la intuición que la tendría aún más desarrollada si es que eso puede llegar a ser posible!!! Pensé en Paula y en Lucía que, por supuesto, irían a la escuela pero desde luego no estarían inmersas un día tras otro en su liga de baloncesto, así es que probablemente dedicarían sus tardes a trenzarse una a la otra o a canturrear y brincar por los caminos terrosos del barrio. Me imaginé a mi amiga Marta y en lugar de verla en su mesa de Hacienda volviéndose loca con los números la visualicé apuntando los productos que los clientes compran en el súper del barrio para hacerles la factura a mano. Pensé en mi Cris que, por supuesto, sería la súper enfermera del pueblo, sólo que no en su apasionante unidad de cardio, sino probablemente, se limitase a recibir a los pacientes con una pachorra infinita a la entrada de cualquier dispensario y les acompañaría arrastrando las cholas polvorientas hasta la puerta de la consulta de turno. Pensé en Vero, periodista culoinquieto, y me costó cuadrarla en este dibujo… Aunque enseguida la imaginé encabezando algún grupo de mujeres de las que se reúnen una vez a la semana para poner orden en los temas de la comunidad y sacar partido a los recursos de los que disponen. Y por supuesto imaginé a mi hermano Fran en las reuniones semanales de algún partido político, poniendo las cosas en su sitio, luchando por los derechos y las obligaciones de quien tiene una tierra fértil y productiva entre las manos y a él he de decir que no me costó tanto meterlo en mi escenario imaginario.
En fin… pensé en muchos y en muchas de ustedes, la lista sería demasiado larga. Y se me hizo raro. Muy muy raro. Nada de lo que hacemos en nuestro día a día en casa, nada de lo que mueve esa pila infernal que te colocas por la mañana y se apaga desgastada por la noche, nada de eso aquí tendría sentido. Tampoco pude imaginar las vidas de los que aquí arrastran los pies por los caminos sin ninguna prisa en los bolsillos, de los que te hablan como dejando que las palabras caigan solas de sus labios, porque todo lo que tienen y más aún es justamente tiempo. No, no los imaginé corriendo tras un reloj, cumpliendo plazos de entrega oficiosos y oficiales, peleando por quién llegó el último a la cola de la carnicería ni haciendo cola en el Primark porque empezaron las rebajas… Por mucho que lo intente no consigo verlo. Ninguna de las dos cosas. Graisadios!
El mundo es mundo. De todo hay y de todo debe haber. Me gusta poder venirme a esta parte y vivirla también porque te mimetizas y entonces también tú arrastras un poquito los pies y las sílabas y si llegas bien y si no llegas no pasa nada. Y te quedas como una boba mirando cómo cambian los colores del cielo al atardecer y sigues con la misma cara de boba cuando, con toda la cara del mundo, alguien viene a pedirte algo (dinero la mayoría de las veces y matrimonio algunas otras!!) sólo porque eres blanca. El mundo es mundo. De todo hay y de todo debe haber. Me gusta; me gusta mucho, muchísimo! Me entusiasma y me da vida. Pero también he de reconocer que me quedo con mi parte loca del mundo. Aquella que me hace chancletear como una cabra de lunes a viernes, correr escaleras y pasillos cada día cargada de cachivaches, volar para preparar cenas de a cinco, mirar con cara de asesina a la doña que se me cuela en el hiperdino y pintarme las uñas en los semáforos en rojo que pillo de la esperanza a la salle. Me gusta porque luego llega el fin de semana y me repliego. Y me abandono al disfrute de mi familia, de mis amigos, de mis perros y de mis gallinas. Y de cuando en cuando… me quedo como una boba mirando cómo cambian los colores del cielo al atardecer.






miércoles, 16 de julio de 2014

Qué hace una chica como tú en un sitio como este...


Pues mira, te lo voy a decir casi que literalmente… A las seis y media suena el despertador porque a las siete desayunamos, así que tardo veintinueve minutos en reconciliarme con el mundo una mañana más, abrir un ojo, luego otro, luego los dos. Y justo un minuto en lavarme la cara y arrastrarme hasta el comedor. Algún ser amable de los que aquí habita de continuo se ha levantado mucho antes y ha querido cortar unas rebanadas de pan, así que sobre una mesa larga pegada a una pared gris se extiende un muestrario que va desde la margarina medio derretida, alguna mermelada, una crema de chocolate líquida y algún día un plato de tortilla francesa. Este año hemos incluido (y no sabes cómo me alegro) una botellita pequeña de aceite de oliva italiano. Al lado están amontonadas una lata de café soluble, otra de leche en polvo instantánea, unos azucarillos y una cajita de té. Hacemos una fila que avanza a duras penas parándose en cada sección para pertrecharse de un desayuno más o menos contundente. Aquí hay tres comidas al día así que más vale empezar el día con fuerza. El pan suele estar chiclosillo porque se compra sólo una vez a la semana, entonces lo disfrazas con lo que te apetezca cada día y disfrutas del tazón de leche hirviendo.
Tenemos sólo media hora antes de empezar a currar, apuras la cepillada de dientes, te vuelves a lavar la cara porque aún queda sueño encima y te pones la ropa de faena. De ocho a doce trabajamos, paramos para comer y nos incorporamos de nuevo a las dos y media hasta las cuatro y media. Como te toque fregar ese día no te da tiempo ni a respirar entre una cosa y la otra porque teniendo en cuenta que aquí somos más o menos veinte personas al día, más los agregados que aparecen siempre a la hora de comer, así que imagínate… Además todo lo hacemos “a la camerunesa” es decir, primero enjabonas (con jabón lagarto) y metes en un balde de agua, luego pasas a otro balde en el que aclaras. Y debes aprovechar los dos baldes para toda la loza porque aquí ya sabes que el agua es un bien muy muy preciado.
Cuando acabamos a las cuatro y media/cinco los chicos suelen ir a jugar al fútbol un rato largo y los que nos quedamos por aquí aprovechamos para darnos una ducha con la que llevas soñando desde primera hora de la mañana, a leer, a dar un paseo, a hacer fotos o a sentarme aquí a fumarme un piti mientras escribo un ratito para ti. A las siete nos ponemos en marcha de nuevo, preparamos para el momento de la cena que es a las siete y media y vuelta a fregar millón y medio de cacharrería. Me encanta el ratito de después cuando nos hacemos un té y nos sentamos en una alfombra estirada en el porche y pasamos el par de horas antes de irnos a la cama charlando y arreglando el mundo. Algunas tardes en lugar de quedarnos aquí pillamos un mototaxi y nos vamos a un bar del centro a echarnos una cervecita, o más bien cervezota porque no te las sirven más pequeñas que de un litro. Los fines de semana toca limpieza de la casa y lavada de ropa a mano. Luego aprovechamos para salir a dar un paseo por algún sitio más lejos y conocer un poquito esos rincones que tiene esta parte del país y que te quitan el hipo en cuanto los descubres.
La verdad es que el día a día es bastante monótono pero aún así no te aburres. Siempre hay algo que hacer; algo que contar.
Me gusta hacer esta cooperación con alumnos. Es tan diferente a las otras… Formas de hacer cooperación hay muchas, cientos! Y de las que he probado yo he de decir que por esta siento un cariño muy grande. Este año, además, viajo con algunos de los que fueron mis alumnos cuando aún estaban en primaria –y ya entonces moría de amor por ellos!-, así que la parte afectiva suma puntos. Me gusta mucho de mi colegio cómo trabaja los valores en la educación de los chicos por eso cuando me propusieron hace un par de años empezar a llevar palante este tinglado no me lo pensé ni medio segundo. Imagina; gente súper válida, a punto de empezar la universidad, con esa nueva etapa que se abre frente a ellos en sus vidas y teniendo la oportunidad de venir y vivir un mes en las mismas condiciones que viven nuestros colegas de aquí (condiciones muy respetables y dignas, que quede clarito!), de trabajar a lomo partido lo que probablemente no haya trabajado ninguno de ellos hasta ahora, comer lo que haya sin poder elegir, vivir con lo que tienes que es casi nada, aprender a respetar y a convivir con las diferentes (y tan diferentes!!) formas de vida que existen en este mundo tan bonito que tenemos la suerte de vivir… Por dios! Si a alguien no le parece que esta oportunidad es preciosa… Y a mí como educadora, como cotilla de las emociones humanas, como novelera, como quieras llamarlo… a mí esto no se me puede escapar. Es un aprendizaje continuo, día a día, de mí misma, de los chicos, de nuestros primos africanos… Es brutal!
Luego, claro, está la parte (que no me olvido ni un segundo de esa parte) en la que uno se pregunta si de verdad hace falta que nosotros vengamos… Esa me come mucho la cabeza y me daría para cuatro blogs porque es algo que siempre estoy rumiando y que siempre me plantea dudas y respuestas nuevas. Yo no sé si “hace falta” o no. Realmente si no somos nosotros serían otros pero algo parecido ocurriría. Cuando venimos a un proyecto así la ong para la que trabajamos (Proyde) -que cuida como pocas he visto de los proyectos de desarrollo en educación en países en vías de desarrollo- envía partidas presupuestarias que se invierten en mejorar la calidad de la educación allá donde recala el proyecto. Algún día os enseñaré cómo trabaja esta gente porque es para quitarse el sombrero. Esto que hacemos aquí es un grano de arroz mínimo dentro de toda la magnitud de lo que trabajan por ahí.
En definitiva, en Camerún la mano de obra diaria básica (la nuestra es básica menos dieciocho pero uno hace lo que puede) se cotiza a unos 2000 CFAS diarios (unos 3 €) y es un salario real, del que comen familias, así que teniendo en cuenta que somos nueve y que trabajamos siete horas al día… echa cuentas! Más allá del dinero que puedan ahorrarse ellos valoran el empuje que les damos a hacer las cosas. Y es que en el fondo es así de simple. Si nadie viene a hacerlo con ellos, pues no se hace! Y no pasa nada. Para ellos la vida sigue. Pero si tienen la oportunidad de hacerlo pues lo hacen. Y la vida sigue también. Estos días los comentarios mientras trabajamos son casi siempre de desesperación… Llevamos una semana lijando puertas, ventanas, paredes y techos (los techos están cubiertos de chapa y sí, la chapa aquí se lija) y claro, uno piensa… y esto no era mejor haberlo lijado cuando se puso por primera vez? Pues sería lo lógico… allí. Aquí no. Aquí se coloca y luego, si algún día viene alguien y te ayuda, o por lo menos, te anima, entonces reparas lo que a veces es irreparable (imagina la humedad acumulada en esas chapas de estaciones húmedas y estaciones secas una detrás de otra…) Entonces, como te cuento, ahora te ves  haciendo algo que aunque para ti sea absurdo para otros muchos es necesario. No pretendo que lo entiendas, soy consciente de que cuesta, a mí misma me costó mucho llegar a entenderlo, pero cuando lo haces te sientes inmensamente afortunado por poder participar de este cacho de la vida, por poder crecer un poco más en un lugar tan diferente, por valorar tantísimo lo que tienes en tu día a día cuando lo miras desde aquí; no porque sea mejor o más bonito, simplemente por lo feliz que te hace. Y entonces sigues lijando.

Recuerdo una conversación con uno de los chicos cameruneses el año pasado, bajo la techada del porche mientras se hacía de noche, en la que me preguntó enfadado y dolido “Ana! Por qué África siempre tiene que ir a la cola del mundo??? Por qué no podemos superarnos y crecer como ha hecho China???” Estaba realmente indignado. Yo sólo le pude decir que África no es ni será nunca China. Que hace veinte años estaban aún más a la cola que ahora. Que ya no hay mortandad infantil masiva, que ya las mujeres copan las aulas universitarias, que África no da pasos de gigante… porque le gusta mucho parar a mitad de cada paso y hablar y bailar y cocinar y vivir con lo que tiene en ese momento. África lleva una cadencia distinta. Yo no sé si algún día apretará el paso. No voy a entrar ahora en ese debate. Otro día. Mientras tanto sé que cada vez que alguien en este continente necesite una mano para ayudar a levantar alguien del otro lado la tenderá gustoso. Y la vida seguirá adelante. Aún quedan muchos techos de chapa por lijar. Demasiados quizás…




sábado, 12 de julio de 2014

Esos locos bajitos

No sé ni cómo pero de repente se me metió en la cabeza la frase de "Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj" que aparece en la canción de Serrat. Ahí la tuve dando por saco dos días por lo menos.
La semana pasada estuvimos colaborando por las tardes en una escuela de verano que hay aquí cerca. Resulta que un grupo de religiosos italianos tiene un tinglado increíble montado aquí en el barrio. Estos en concreto, Nina se llaman, son los responsables de que haya una escuela de arte -maravillosa por cierto, creo que ya te conté algo sobre ella el año pasado- y tienen además una escuela de primaria, una de secundaria y una politécnica. Por si fuera poco tienen también un hospital, así que te puedes imaginar el movimiento y la cantidad de oportunidades para chicos y no tan chicos que genera esta gente en el barrio. La verdad es que se lo trabajan un montón, me ha sorprendido porque en Camerún la cooperación italiana es impecable. Tiene proyectos sanitarios y educativos por cualquier lado y todos funcionan y además funcionan bien. Oye! Lo que éh, éh!
Total, que uno de los chicos que trabaja esporádicamente aquí en la obra de la casa por la mañana (bueno, aquí todo kiski trabaja esporádicamente la verdad!) por las tardes hacía de animador voluntario de los enanos del barrio en la escuela de verano esta que te cuento. Imagínate! fue contármelo y a mí los ojos se me abrieron como platos! Hace ya tiempo que no hago nada con niños por aquí y tú que me conoces sabes que son mi auténtica debilidad; así es que le pregunté que si podía ir con él por las tardes y de paso me llevaba a mis chicos porque sabía que les iba a encantar la experiencia. No hubo ningún problema. La verdad es que por aquí nunca hay problema para casi nada. Ojalá tuviésemos en otros sitios esa predisposición tan amable a las nuevas propuestas... Pedí permiso a los responsables de nuestra casa aquí y allá que empezamos a principios de esta semana a colaborar en la escuela. Madrededios! chiquitos tanques de energía! A ver, los niños niños son, aquí, en Tenerife y en Pernambuco pero estos jodíos deben desayunar lo mismo que súpermán! Al llegar al colegio nos distribuímos en las diferentes clases de las diferentes edades. Yo me fui derechita como una vela a la guardería. Pensé que me derretía. Imagínate. Una clase llena PERO LLENA!!! de pequeños bombones de chocolate, con esos morritos gordos, con esos ojos como platitos que no les cabe un brillo más por dios!, con esos pelillos ensortijados en mini trenzas de colores por todos lados, con esos brincos, con esos bailes, con esos gritos, con esos lloros... Sí mijo, de todo!
En cuanto entré por la puerta la cuidadora oficial me endosó a una cosa preciosa y maravillosa llamada Stéfanie que se me enganchó como un koalita y se quedó frita en mis brazos a los diez minutos. La tuve pegada a mí toda la semana y yo encantada! A ella y a trescientos cincuenta más! Qué forma de querer por dios, de jugar, de abrazar... y de pegar guantazos que vaya tela con algunos! en un momento dado tuve que meter dos gritos de Ayudapordiosquenodoypamasssss! y no es broma. Imagínate la situación. Con mi gordito Benois (en un par de líneas te hablo de él) en brazos, con Jacky de la mano, y con dos talibanas que me pusieron cara de ángeles para que las llevara a hacer pis y en cuanto se vieron fuera de la clase empezaron a correr como descosidas por aquellos patios. Ellas se partían la caja cuando miraban para detrás y me veían con la lengua fuera y los dos enanos enganchados y yo muerta de miedo de que se me escondieran diossabedónde! Además, a mí en casa y en el cole siempre me ha funcionado bien lo de poner cara seria y decir muy bajito pero rotundo eso de... "ven ahora mismo porque no voy a correr detrás de ti... una, dos.." y antes de decir tres se había zanjado el problema. Aquí???? Un carajo pa mí! Cuanto más seria me ponía más gracia debía hacerles a ellas porque se tronchaban a la vez que saltaban como pericos todos los muros que se les ponían por delante. Menos mal que llamé a Lucía y a Guillermo y vinieron hipso facto al reclamo de mi cara de desesperación. Las trincaron y todos pa la clase que de aquí hoy no vuelve a salir ni el Tato! Jiisús!
En fin, la experiencia maravillosa, aunque corta porque ya acabó la escuela y porque nosotros tenemos que currar aquí por las tardes también que nos queda mucha faenita y el tiempo pasa volando.
A pesar de haberlo pasado tan bien y de estar tan en mi salsa, ocurrió algo curioso. El jueves al llegar a la clase me di cuenta de que había unos cuantos niños a los que no había visto nunca (o sí?) la cosa es que me sonaba la carita de un par de ellos, en concreto de un chiquitín que me abdujo en cuanto lo ví. Me puse a jugar con ellos a la plasti y no dejaba de darle vueltas a la cabeza... lo tengo que
conocer de algo... Hasta que al rato se hizo la luz! Era Benois, el chiquitín que conocí el año pasado en el orfanato de Víctor y Vero, te hablé de ellos, no sé si lo recuerdas... Era el más chiquito de la casa, se lo habían quitado a su mamá porque estaba enferma y le hacía daño al pequeño... Bueno, pues era él. También lo llaman Popom. Y yo me lo quiero comer... a besos y a abrazos! Resulta que han llevado los dos últimos días al colegio de Nina a algunos niños del orfanato para que puedan disfrutar del juego con otros niños fuera de casa.
(En la foto de aquí encima le ves en una que le saqué el año pasado en su casa y en la que hay debajo, con una camisita azul, es como lo encontré este año)

miércoles, 9 de julio de 2014

Sweet Home Mbalmayo

De nuevo llegamos de madrugada, de nuevo la misma humedad de siempre que te aplasta entre el cielo oscuro y la tierra verde, de nuevo el olor a madera tiznada de las cacerolas que siempre tienen algo que calentar... Nada más bajar del coche y dar otros mil abrazos y tirar de la maleta por el suelo enfangado entro en el salón cargando con la sensación de que algo ha cambiado; aún no sé el qué pero algo no está igual o, simplemente, no está. Demasiado agotada para sacar conclusiones. De nuevo en mi habitación. De nuevo en mi baño. Definitivamente algo ha cambiado... Hay una ducha en la pared; giro el grifo del lavabo que el año pasado sólo estaba de adorno. Sale agua. Y entonces una pequeña decepción se apodera de mí. Echo de menos mi cubo morado con su cacito de mantequilla a modo de lavamanos-lavatodo. Demasiado agotada para sacar conclusiones. Abrazo mi cama dura, ésa sí sigue igual, y me duermo en tres décimas de segundo. Ya por la mañana tras una ducha de esas que te reviven (sí, salía agua de la alcachofa de la pared...) y un desayuno africano empiezo a pasear por la casa y por el jardín buscando, recordando, llenándome de nuevo de lo que había echado tanto de menos sin haber sido consciente hasta ese momento.
 Y entonces me encuentro unas farolas en el jardín... Farolas en el jardín!!!! (eso sí, con sus plastiquitos por encima que aún son nuevas no se vayan a estropear tan pronto!) Sigo husmeando despacito, con mi taza de café soluble tibia en las manos, empieza a caer una tormenta de las que dan miedito y me meto pa dentro enseguida (llámame flipada pero aquí la lluvia huele diferente, es espectacular cómo huele!) y cuando me giro al cerrar la cortina de la entrada... una tele! Una tele! una tele!??? Y entonces pregunto con cara de "aquí qué carajo está pasando?!" y me suelta esa sonrisa gigante y radiante y me dice "el mundial!!! hay que ver el mundial!!!" Y entonces yo que soy muy fina, así como medio pa dentro mecagüen la tele, el mundial y las farolas plastificadas! y reconozco que durante toda esa mañana estuve medio contrariada. 
Pero sólo "mediocontrariada" porque entonces, graisadios, el sentido común me viene con el buchito del té de después de comer y se me pasó el mal trago... Pues claro que sí contra! pero cómo me voy a mosquear porque haya agua corriente en mi baño y una tele en el salón (que no es sólo pa ver el mundial! que aquí mis primos se tragan también los culebrones que los he visto yo!!) Cómo a alguien en su sano juicio le puede "molestar" que alguien avance, que mejore su calidad de vida! Y si esa calidad de vida viene en forma de cajatonta pues vale y si viene en forma de porrón pues lo mismo! Seré imbécil! Yo creo que lo que me ocurrió es que todo lo que fue idílico para mí el año pasado porque precisamente era antagónico a lo que tenía todos los días aquí adquirió una naturaleza prioritaria, fue como el descubrimiento de una vida sencilla al extremo. Nada es necesario para ser tú. Nada. Salvo que nunca dejes de ser tú. 
El año pasado dejamos funcionando la bomba de agua corriente, pues lo lógico es que este año ya le estuviesen dando uso que para eso se hizo, no? Lo de la tele sí que no tengo por dónde cogerlo, pero porque la de casa está de puro adorno (salvo pa matar el vicio de los niños en un momento dado o el de mi mari y sus reportajes anestesiantes) Y en cuanto a las farolas pues la verdad es que debería de estar sorprendida pero en positivo porque las placas fotovoltaicas para las que recaudamos dinero en el colegio durante todo este año ya está colocadas, de hecho la electricidad que mantiene encendido este portátil ahora mismo viene de allí (en este momento paro y doy las gracias infinitas a todas las personas que han colaborado con el proyecto desde sus casas, con su generosidad... hasta que no estás aquí y lo ves no eres consciente de todo lo que se puede hacer con tan tan tan poquito. Gracias de verdad!)
Total, que a pesar de los cambios que me trastornaron el primer día, este sigue siendo uno de esos rincones del mundo que deberías conocer alguna vez. Yo no sé qué es lo que tiene. No sé si son las personas, si son los colores del cielo cuando empieza a hacerse de noche, no sé si es la lluvia que te dije antes o las voces de los chiquillos cuando te gritan por la calle en su lengua materna "ey! blanco!!! mírame y dime adiós!!" como si fuese una letanía continua. Yo no sé si es el levantarte cada mañana con los ojos pegados aún y ponerte azada en mano o si es por acostarte por las noches reventada como una piñata pero con esa risita mediotonta que le sale sola a las que somos mediotontas... Te juro que no tengo ni puñetera idea de qué es pero sí te puedo garantizar que aquí, lejos de todo, carente de todo (menos de tele y de alcachofa en el baño), sin los besos que más me gustan y sin mis tacones, sin mis amigas y mis amores, sin mi café de cafetera y mi pan con aceite, sin absolutamente nada de eso... aquí eres capaz de mirarte dentro hasta sin  darte cuenta y una vez te miras hasta te gustas, aunque estés medio bichada del añito que traes detrás, levantas el jocico, miras pa lante, y te dices henchida y orgullosa... qué feliz soy porlamordedios! 
A lo mejor un día te apetece venirte conmigo... Ya hablaremos sobre esto. 
Date un abracito de mi parte... À bientôt!


martes, 1 de julio de 2014

Llega el momento me piro... (Estopa -Me falta el aliento-)

Por qué sigues yendo? Ya has vivido “la experiencia”… Esto me decía una amiga hace unos días. Si te digo la verdad, no me he hecho nunca esa pregunta de por qué sigo visitando África cada verano. Es una sinergia natural que hace que entre siempre dentro mis planes, de antemano. Una forma de vida, quizás.


Desde que hago cooperación me he encontrado con cientos de miradas diferentes. Unos te miran con curiosidad (qué habrá que le engancha tanto?) otros con desconfianza (sí, hombre! Cooperación! Esta lo que se va es de vacaciones!)  envidia sana (ya quisiera yo hacer el macuto y tirar palante también!) incluso con reprobación (qué poca vergüenza! Irse un mes y dejar su casa, a su marido…) Podría seguir enumerando frases y caras durante media hoja más. Imagino que para cada persona las cosas se interpretan de maneras diferentes… Partiendo de la base de que a mí me importa bien poco la opinión de cada uno (no me lo tomen a mal, lo digo en el sentido de que cada quien es libre de pensar sobre mí, sobre los beneficios del tai chi o sobre el ministro Wert lo que le salga del sombrero y gracias a dios!!!) sí es cierto que son infinidad de motivos los que hacen que, un año más, a estas horas ya tenga el macuto hecho y el nudo en el estómago que me mantiene en alerta hasta que llegue a mi casa africana. Intentando resumir en una frase corta esos motivos podría decir que para mí la cooperación de verano en África es “un clic” Es el encendido y el apagado. Por un lado satisfago mi necesidad personal y privada de colaborar en un mano a mano, en arrimar el hombro donde alguien lo necesite. Es cierto que aquí, en casa, en mi isla, hay muchas necesidades y que podría arrimarlo también aquí. Cierto. Por eso lo arrimo. De diferente manera, no durante un mes en verano, quizás durante todo el tiempo haciendo una colaboración diferente.  Cuando se vive la vida de una manera tan “intensa” como la vivo yo la verdad es que puede llegar a ser una puñeta porque lo bueno es buenisísimo pero lo malo es horrible. Así es que después de un año de tanta intensidad una vez más, después de un agotamiento físico que cada vez va haciendo más mella en mí y después de la necesidad de apagar mi cabeza sobre el día a día aquí, o por lo menos dejarla en pausa… Después de todo eso me voy. Es como una pausa larga de un mes. Todo cambia. Todo va a ser distinto. No hay teléfonos que suenen, no hay horarios apretados, no hay tráfico que te lleva a ningún lado, no hay zancadillas por las esquinas. África (mi África, a la que yo voy) es paz, tranquilidad, vida sencilla, plátanos fritos y agua de botella, ducharte con un cubo y mirar a las estrellas mientras escuchas las historias de alguien que nunca se cansa de contarlas justo a tu lado. No, no es una película. Es cierto. La vida puede ser todo lo sencilla o todo lo complicada que queramos. Allí, en el África a la que yo voy, es bastante sencilla (ojo, en otros rincones africanos por desgracia no! Pero yo hablo sólo de lo que conozco, siempre hablo sólo de lo que conozco…)

A partir de mañana mi día a día se desarrollará entre brochas de pintura y papeles de lija, entre pasta cocida y bananas fritas o guisadas (espero que más fritas que guisadas!!!!) entre si hay que bajar al pozo a por agua o hay suficiente en el grifo del patio. A partir de mañana me despertaré con los cánticos de voces graves de hombres jóvenes que dan las gracias por un nuevo día y me acostaré envolviéndome obsesivamente en la mosquitera para que no tenga opción ninguna el mosquito gracioso de turno. A partir de mañana hablaré sin parar de mis hijos y de mi marido y de mis amigos y de mis hermanos y de mis alumnos… porque cuando uno coge un poquito, sólo un poquito de distancia todo lo que tiene se engrandece, se magnifica y se quiere más aún. A partir de mañana una vez más mi cámara será la prolongación de mis ojos y, sobre todo, de mi alma, intentando enseñar a los que se quedan aquí un trocito de esa magia que me tiene eclipsada mezclada con unas dosis de realidad de la que me tiene indignada.

Repito con grupo de chicos; cinco chicos y dos chicas. A la mayoría de ellos les di clase cuando eran unos fiscos chicos allá por primaria, ahora son quasiadultos a punto de empezar su vida universitaria y son aún más interesantes y más divertidos que entonces... Ya les contaré. Me gusta observar una parte de la vida a través de los ojos de los 18 años con la cabeza de los 41. Me gusta mucho!

Quizás sí que sé por qué me gusta tanto volver... África tiene sus miserias, tiene sus mierdas que todo el mundo conoce, juzga, critica o compadece. Pero también ama sus valores y sus bondades y a pesar de todo lo primero, casi siempre gana lo segundo. Y sigue adelante y vive y quiere vivir! Por eso siempre vuelvo. Y volveré siempre que la vida me deje.
Nunca sé qué voy a contar ni cómo voy a hacerlo. Este año tampoco…
Dejaremos una vez más que todo fluya. Yo, si quieres, te enseño este cachito del mundo y lo mejor será que después saques tú las conclusiones que decidas sacar.
Sé feliz! Yo estoy en ello…