Te propongo una cosa… Ves ese enlace que hay justo encima de
esta frase? Pínchalo antes de seguir leyendo, deja que suene mientras minimizas
esa pantalla y te vuelves a esta, te parece?
Bien, hola de nuevo, ahora voy a intentar llevarte de la
mano por un lugar. Imagina que vas en una camioneta sentado junto a la ventana
con la cabeza asomando de cuando en cuando mientras el aire te da de frente y
te revuelve el pelo y te pega los mechones contra la cara por la cantidad de
humedad que lleva dentro. Imagina un camino de tierra roja, no llega a ser
barro pero se le acerca bastante y todo lo que ves a partir de la improvisada
carretera es verde. Muy muy verde. Imagina un paisaje lleno de árboles tan
altos que tienes que levantar la mirada todo lo que te deja el cuello para ver
el final de su copa, imagina lianas enredadas que destrepan hasta el suelo, imagina
el olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha… conoces el
olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha? Pues
multiplícalo por diez. Entre un bache y otro más meneas la cabeza al son del
vaivén de la furgoneta mientras miras a todos lados porque no quieres perder
nada, ni un microcentímetro de lo que estás viendo, ni una sola tonalidad, ni
una sola forma… mientras oyes esta melodía dentro del coche.
No sabes por qué
pero automáticamente aparecen en tu cabeza todas esas personas con las que
sabes que puedes contar. Ves su cara, recuerdas sus voces que traen cosidos
momentos de los que sabes que jamás olvidarás. Y sonríes de medio lado porque
sabes a ciencia cierta que tienes con quién contar y deseas que desde donde estás les llegue una
briznita de aire que lleve tu recuerdo para que no olvide él o ella que también podrá siempre contar
contigo…
Hoy ha sido un día de reencuentros. El año pasado cuando
visité el pequeñísimo poblado de Ebogó soñé con volver de nuevo al que, hoy
vuelvo a reiterar, es mi sitio bonito preferido del mundo (por lo menos del
mundo que yo conozco!) Y no me defraudó. Una vez más disfruté de su silencio
después de haberlo llenado de nuestras palabras, una vez más deseé que nunca
nada ni nadie lo altere ni lo cambie, que jamás desaparezcan sus pájaros ni sus
colores, ni siquiera sus hormigas gigantes que te dan un muerdo y te dejan sin
un trozo! Hoy volví a llenarme de esa paz diferente y especial que sólo algunos
tenemos la suerte de encontrar en algún remoto lugar alguna remota vez en la
vida. Y volví a respirar un poquito más de felicidad.
Con la botella esa que debemos tener en el alma y que
recargamos con momentos preciosos casi a rebosar nos volvimos a casa pero antes
de llegar pedí por favor si podíamos pasar por el orfanato de la Hermana María,
el año pasado te hablé de ella; quería ir a saludarla y a dejarle una cosita
importante que venía enviada de parte de muchas personas con un corazón muy
grande. Allí seguía también la pequeña casita desgajada. Como si el tiempo no hubiese pasado. Los niños
también. Iguales. A penas noté que hubiese pasado este año por ellos… Y eso me
partió el corazón. Y salió la buena mujer. Por ella sí que ha pasado el año
multiplicado por diez. La vi ajada, aunque su cara seguía teniendo el
resplandor de una piel preciosa de ébano liso y fuerte, el mismo resplandor que
le recuerdo de hace un año. Y su voz… Tiene una voz ronca pero serena, de esas
voces que no te importaría escuchar para siempre. No tuve mucho tiempo así que
sólo la saludé, la abracé una y mil veces, nos agarramos de las manos con
fuerza mientras hablamos. Fueron cinco minutos, no había más, pero me despedí
de ella -después de darnos las gracias mutuamente más de diez veces- con los
ojos apretados de emoción. Antes de
subirme al coche le agarré la barbilla como cuando se la agarras a un niño
pequeño en señal de ternura y es que jamás podré encontrar ni una ni mil
palabras que me ayuden a expresar aunque sea una parte chiquita de la ternura y
el arrojo y la valentía que esa mujer me transmite cada vez que la he visto!
Madre mía! Qué cosa más grande! El trozo de camino que quedaba de vuelta a casa
no pude apartar de mi cabeza la palabra “gracias!”
Una vez más gracias a la
vida por tener tanto y por vivirlo tanto, gracias a la vida porque exista gente
como María que dan tanto y tienen tanto amor desinteresado y tanto coraje,
gracias a mis pequeñas, a mi adolescente y a mi amor por hacerme sentir pilar
de una familia tan increíblemente maravillosa y gracias a todas esas personas
que me vinieron al alma al principio del camino cuando las recordé mientras
olía el olor que deja la lluvia sobre la tierra roja cuando se marcha. Por
supuesto, por supuestísimo, igual que María, igual que este continente entero,
igual tú sabes… que puedes contar conmigo.


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